Blog / complejidad de código
La complejidad no se siente, se mide
«Este módulo se siente enredado» no es un dato. La complejidad del código se puede medir función por función, y conviene hacerlo antes de que duela.
Equipo StrangeDaysTech
21 de mayo de 2026 · 2 min de lectura
Todo equipo tiene un archivo que nadie quiere tocar. Cuando preguntas por qué, la respuesta es siempre la misma: «es que está muy enredado». Es una intuición honesta, y casi siempre acertada — pero no es un dato. No se puede priorizar, ni seguir en el tiempo, ni discutir sin que se convierta en una cuestión de gusto.
La complejidad del código no tiene por qué quedarse en sensación. Se puede medir, función por función, y eso cambia la conversación.
Tres números, tres preguntas distintas
No existe «la» métrica de complejidad, sino varias que responden preguntas diferentes. La complejidad ciclomática cuenta los caminos independientes que atraviesan una función: cuántos casos habría que probar para cubrirla. La complejidad cognitiva intenta algo más cercano a la experiencia de leerla — penaliza el anidamiento y los saltos de control que obligan a la mente a llevar contexto en la cabeza. Y las líneas reales de código (SLOC), sin contar blancos ni comentarios, dan la escala bruta.
Las tres juntas dicen más que cualquiera por separado. Una función puede ser larga pero plana, o corta y endiablada.
Medir no sustituye al juicio. Pone el dedo en dónde aplicarlo.
Medir no es castigar
El error más común es usar estos números como vara para repartir culpas. No es para eso. Una métrica de complejidad es un detector de humo: te dice dónde mirar, no qué hacer. A veces una función complicada está justificada por el dominio que modela. Otras veces es deuda pura esperando a estallar. El número no distingue — esa parte es trabajo humano.
Lo que sí hace es quitar la complejidad del terreno de la opinión. Cuando «este módulo se siente enredado» se vuelve «esta función tiene complejidad cognitiva 34», deja de ser una queja y empieza a ser una tarea.